¿Tiene Latinoamérica el potencial de ser una superpotencia de las materias primas?

Latinoamérica es una región que siempre ha soñado con ser grande. Tiene recursos naturales, diversidad cultural y gente trabajadora. Sin embargo, parece que nunca logra despegar del todo. ¿Por qué?

Algunos dirán que la culpa es de los políticos, que son corruptos, ineptos y vendidos. Otros dirán que la culpa es de los países ricos, que nos explotan, nos imponen y nos boicotean. Y otros dirán que la culpa es nuestra, que somos indisciplinados, conformistas y fatalistas.

Quizás todos tengan algo de razón. Pero también quizás todos se estén olvidando de algo muy importante: la organización, la cultura y la educación. Sin estas tres cosas, ningún país puede progresar. Necesitamos instituciones fuertes, valores cívicos y conocimientos útiles. Necesitamos aprender a trabajar juntos, a respetarnos y a innovar. Definitivamente, el problema no es la tierra. El problema es la gente. O, mejor dicho, la solución a nuestros problemas es la gente.

Mientras que otras regiones están a la vanguardia de la tecnología, nuestra región sigue dependiendo de la explotación de materias primas. Los demás países nos compran lo que nosotros vendemos. Eso implica que cuando compran mucho, nos va bien. Pero cuando compran poco, nos va mal. En otras palabras, el precio de las mercancías es dictado por las dinámicas del mercado internacional. Y eso crea una situación de dependencia que limita nuestra capacidad para el progreso.

El cobre, el litio, el café y la carne son productos que consumimos a diario y abundan en América Latina. La región tiene una larga historia de proveer al mundo de materias primas, desde el oro y la plata que se llevaron los conquistadores hasta el petróleo y el caucho que impulsaron la industrialización de Europa y Estados Unidos. Pero ahora, según The Economist, América Latina podría estar al borde de un nuevo auge. Tres fuerzas la empujan a convertirse en la superpotencia de las mercancías del siglo XXI.

La primera es la transición verde, que aumenta la demanda de metales y minerales que América Latina tiene en gran cantidad, así como de la energía renovable para procesarlos. La región ya suministra más de un tercio del cobre mundial, utilizado en el cableado y las turbinas eólicas, y la mitad de la plata, un componente de los paneles solares. También posee casi el 60% de los recursos conocidos de litio, utilizado en todos los tipos principales de baterías para vehículos eléctricos. El litio es tan importante que se le llama “el oro blanco” o “el petróleo del futuro”. En Chile, el mayor productor mundial, se extrae del salar de Atacama, donde se forman lagunas de colores brillantes por la evaporación del agua salada. La flota mundial de vehículos eléctricos crecerá al menos diez veces para 2030, según la Agencia Internacional de Energía.

La segunda fuerza es el crecimiento demográfico, que alimenta la demanda de los alimentos y bebidas que América Latina produce en abundancia. La región ya abastece más del 30% del maíz, la carne vacuna, el pollo y el azúcar del mundo, y el 60% de la soja. Ocho de cada diez tazas del café arábica del mundo se hacen con sus granos. Para 2050, el mundo podría tener casi 10 mil millones de bocas que alimentar, frente a los 8 mil millones actuales.

La tercera fuerza son las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China, que hacen que los países busquen invertir en una región relativamente neutral y pacífica. Como los rivales adinerados también codician sus riquezas, se está librando un nuevo gran juego: el mes pasado, Vale, una empresa minera brasileña, vendió el 13% de su brazo de metales verdes a entidades saudíes por 3 mil millones de dólares; China destinó 1,400 millones de dólares para desarrollar la producción de litio en Bolivia; y Europa se comprometió a invertir 45 mil millones de euros en proyectos verdes latinoamericanos.

Pero la experiencia de América Latina con las materias primas es tan variada como larga. Las luchas pasadas por los beneficios han provocado golpes de Estado, desigualdad y populismo. A medida que aumentaban los ingresos por exportaciones, también lo hacían las monedas locales, ahogando otras industrias exportadoras y atando el destino de la región a un mercado volátil. América Latina ha sufrido innumerables auges y caídas.

¿Podrá América Latina aprovechar las oportunidades de este nuevo boom? Dependerá de su capacidad para diversificar su economía, mejorar su infraestructura, proteger su medio ambiente y fortalecer sus instituciones. No debe repetir los errores del pasado ni caer en la llamada “maldición de los recursos”, que hace que los países ricos en recursos naturales sean más propensos al autoritarismo, la corrupción y los conflictos. Debe usar sus riquezas para impulsar el desarrollo en casa, no para despilfarrarlas o regalarlas. De lo contrario, podría terminar siendo una superpotencia de las mercancías, pero no del progreso.

El futuro nos está diciendo que las materias primas y los alimentos seguirán siendo muy importantes. Y que Latinoamérica, que depende de estos rubros, jugará un papel vital en el mundo. Pero no te emociones demasiado, porque tener recursos naturales no es suficiente. Eso que dicen los populistas de que somos muy ricos y lo único que tenemos que hacer es repartir mejor el dinero es un cuento chino que nos ha hecho mucho daño.

Los países no son ricos porque tengan oro, petróleo o café escondidos en su territorio. Los países son ricos cuando tienen una población organizada, educada y productiva. Así que no esperes que te caiga del cielo la prosperidad, sino que trabaja duro, aprende mucho y colabora con los demás.

En Latinoamérica tenemos una mala costumbre: creer en salvadores. Pensamos que el hombre fuerte que llega al gobierno nos va a solucionar la vida repartiendo dinero. Eso es una ilusión. No necesitamos un nuevo caudillo que nos mande con mano dura. Lo que necesitamos es ser mejores ciudadanos. Necesitamos fortalecer nuestras instituciones. Necesitamos respetar más las reglas. Necesitamos ser más competitivos con más educación y ética de trabajo. Necesitamos ser dignos de confianza. No esperes que alguien te salve, sino que salva tú mismo a tu país con tu esfuerzo y tu compromiso.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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