La Fed y la economía: ¿Para dónde vamos?

No fue fácil para un país como los Estados Unidos lograr la creación de su banco central. En cierto sentido, su creación fue un mal necesario que se aceptó a regañadientes. Se necesitaron varios intentos. Pero, finalmente, se logró debido a que la alternativa no estaba funcionando. La idea se resistió por mucho tiempo, temiendo una concentración muy grande de poder y centralización. Sin embargo, el no tener un banco central demostró ser una muy mala opción. Porque el periodo anterior a la creación de la Reserva Federal de los Estados Unidos se caracterizó por la inestabilidad de la moneda, las corridas bancarias y los ciclos de auge y caída.

La mayoría de los libertarios (tan numerosos en el espacio cripto) se oponen a la idea de un banco central. En este caso, se piensa que el libre mercado puede realizar la misma función de manera descentralizada. La historia, sin embargo, nos ha demostrado que esto no es del todo cierto. Las bondades del libre mercado, obviamente, tienen sus límites. No hay país desarrollado sin un banco central. Y me atrevo a decir que esto no es casualidad. Claro que la oposición siempre tiene la razón desde las gradas. Por supuesto que las utopías son perfectas en la imaginación. Sin embargo, la práctica moderna ha escogido el tener un banco central, porque es lo que ha funcionado mejor. Cierto. Los conservadores no están de acuerdo con esta última afirmación. Pero los conservadores no han logrado convencer a la mayoría de que un sistema sin un banco central es mejor que el actual. Por ende, la reforma no está sobre la mesa. Lo que tenemos es lo que es. 

Lo que se tiene ahora en los Estados Unidos es un banco central con una estructura descentralizada. Independiente, pero en el Gobierno. Autónomo, pero supervisado por el Congreso. Se trata de una institución con doble mandato: Máximo empleo y estabilidad de precios. Solo se enfoca en uno de estos mandatos a la vez. Porque la tarea de promover ambos mandatos al mismo tiempo es prácticamente imposible gracias a sus naturalezas contradictorias de las dos misiones. 

¿Qué pasó durante la pandemia? Durante la pandemia, se paralizó la economía debido a las medidas de confinamiento. Eso generó una gran contracción económica. Esta abrupta caída de la demanda produjo un grave cuadro deflacionario. Lo que, a su vez, produjo una caída de los ingresos y un dramático aumento del desempleo. En este contexto, la Reserva Federal se vio en la obligación de reducir los costos de crédito, colocando las tasas en cero y comprando deuda (pública y privada). Y eso se hizo para subir la demanda.

¿El efecto? Bueno, unos de los efectos de esto fue un boom especulativo en los mercados financieros. Entonces, en este momento, se formó una situación bastante particular. La economía “real” en crisis, pero Wall Street de fiesta. Porque toda esta liquidez (como caída del cielo) benefició primero a Wall Street. Del mismo modo, también se incrementó el gasto fiscal con todos los programas de asistencia. Al parecer, la población utilizó gran parte de este dinero para invertir en la bolsa, comprar criptomonedas, comprar bienes de consumo, y consumir productos digitales.

En un principio, lo que realmente teníamos era un problema de deflación. He ahí la razón de ser de los estímulos. Sin embargo, con el tiempo, surgieron complicaciones. El aparato productivo global demostró ser más frágil de lo pensado al no poder reactivarse a la velocidad requerida. Fallas en las cadenas de producción y distribución causaron problemas de suministro. Y esto terminó ejerciendo fuertes presiones inflacionarias. Lo que se convirtió en un gran desafío para la política monetaria. Ahora resulta ser que la demanda es excesiva en relación al suministro. La inflación se salió de control y alcanzó niveles inaceptables. Por ende, ahora es necesario retomar el equilibrio mediante una reducción de la demanda. La Reserva Federal, entonces, se vio en la obligación de cambiar de rumbo de manera sorpresiva. Al subir las tasas de interés, se suben los costos de crédito. Luego, la demanda baja. De esta forma, se pretende restaurar el equilibrio.

Cabe destacar que la Reserva Federal no tiene control sobre la política fiscal, ni tiene poder sobre el suministro. Su influencia se limita a su poder como prestamista. Durante la pandemia, se enfocó en combatir el desempleo con inyecciones de liquidez. En este momento, su prioridad es reducir la inflación interanual al objetivo de 2%, endureciendo la moneda. 

El escenario ideal sería reducir la inflación al objetivo causando el menor daño posible. Eso es lo que se conoce como “aterrizaje suave”. O, dicho de otro modo, lo que se quiere es reducir la inflación sin causar una recesión. No hay que ser un genio para saber que esto no será fácil de lograr. Cierto que las cadenas de producción y distribución están sanando. Cierto que el exceso de demanda está mermando. Y es cierto que hemos avanzado bastante en la lucha contra la inflación. Sin embargo, me parece bastante prematuro cantar victoria. Muchas cosas deben salir bien para que este escenario ideal se logre. Muchas cosas pueden todavía salir mal. Y, lamentablemente, cuando muchas cosas pueden salir mal, normalmente, algo sale mal. No quiere caer en el pesimismo. Es solo que me parece un error subestimar la complejidad de nuestra situación actual. Lo mejor es no contar los pollitos antes de nacer. 

El mercado laboral estadounidense aún está demasiado ajustado. Y la inflación en el sector servicios (debido a los costos laborales) no será fácil de bajar sin una política de endurecimiento monetaria de mayor agresividad. De hecho, a partir de ahora, la Reserva Federal seguramente seguirá aumentado las tasas de interés. El mercado espera un nuevo aumento del 0.25% para la próxima reunión en marzo. Aún está por verse la reacción de la inflación con una tasa cercana a 5%.

¿Será suficiente? Lamentablemente, todavía no lo sabemos. Todo dependerá de los datos. Y me temo que todavía es muy pronto para dar por hecho que la inflación caerá como fruta madura a los niveles anticipados (o sea, 5%). En este momento, el mercado está colocando todas sus esperanzas en este escenario. Sin embargo, no siempre obtenemos lo que deseamos. En cuestiones de pronósticos, nunca es buena idea pensar en términos absolutos. Lo mejor es pensar en probabilidades. Apostamos por lo probable. Nos preparamos para lo improbable.  

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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