Arte vs Bitcoin: ¿La revolución de los NFTs?

Lo nuevo no siempre es fácil de clasificar. Se podría caer en el error de usar las viejas categorías para forzar una definición. Sin embargo, la tarea no es sencilla. ¿Qué es Bitcoin realmente? Para los más sentimentales, es un tótem con poderes sobrenaturales. Una especie de dinero mágico que lo solucionará todo. Para otros, es un activo digital versátil, ciudadano y global. Para otros, ha sido una inversión sumamente lucrativa. Claro que la tecnología blockchain se ha expandido más allá de Bitcoin. Pese a las quejas de los maximalistas, Bitcoin ya no es lo único en esta fiesta. Hablemos de Bitcoin y del último alarido de la moda en este espacio: Los Tokens No Fungibles. Los famosos NFTs.

En muchos sentidos, Bitcoin es como un ornitorrinco. Me refiero a que es un animal que se parece a otros, pero en realidad no es como otros. El ornitorrinco tiene pico de pato, cuerpo de castor y patas de nutria. Es un mamífero que pone huevos y es venenoso como una serpiente. No hay que ser un genio para saber que el primer científico que intentó clasificar a dicho animal quedó bastante consternado con lo que veían sus ojos.  ¿Qué es? Cualquiera ha podido cuestionar su trabajo entrando en una guerra de clasificaciones. Es un mamífero. Ah, no es posible. No hay mamíferos con picos. Es un ave. Ah, no hay aves con pelos.

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Bitcoin es un ornitorrinco. Es una moneda. Ah, no es una moneda, porque no es emitida por un Banco Central. Es un activo. Ah, no lo es, porque fue ideada para ser una moneda. Es una mercancía. No lo es, porque es algo digital que no tiene realidad física. Entonces, con Bitcoin, normalmente ocurre lo que ocurre con una prueba de Rorschach. Es decir, la gente ve lo que quiere ver. Esto es particularmente cierto en el caso de Bitcoin, porque debemos recordar que vivimos en un momento histórico muy complejo en lo que a la verdad se refiere. Es decir, vivimos en la época de la posverdad. Lo único cierto es lo que dice nuestro influencer favorito. Por ejemplo, nadie confía en los economistas en materia económica. Nadie confía en las autoridades. Nadie confía en las instituciones. En este mundo de hoy, todo es una gran conspiración.

Ahora bien, ¿qué es Bitcoin? Bitcoin es un código. Un código que se usó principalmente como una tasa de cambio. De hecho, Bitcoin es un código muy codiciado por los especuladores. Ah, es que me temo que Bitcoin es un activo esencialmente especulativo. Claro que aquí tenemos un problema, porque la palabra “especulación” normalmente ofende. Romperte, cristal. Esta palabra tan temida, por lo general, se asocia con la inmoralidad o el fraude. Y como Bitcoin es un movimiento muy apasionado y emotivo los más devotos entre nosotros tienden a rechazar la palabra con gran ferocidad. La gente se pone a la defensiva cuando el adjetivo se aplica a Bitcoin, porque la palabra con frecuencia se interpreta en su sentido más peyorativo.  

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Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de especulación? Especular es comprar algo esperando que su precio mejore en el futuro. Se refiere a ganar dinero como la apreciación de un activo. La persona que compra un inmueble, por ejemplo, con la intención de venderlo en el futuro a un mejor precio es un especulador. La persona que compra una acción, un metal, un coleccionable, un derivado, o un negocio para luego venderlo a un mejor precio es un especulador. La especulación es una actividad perfectamente válida. Pero tiene una muy mala reputación, porque normalmente se utiliza en contraste con la palabra «inversión». En este contexto, el especulador asume el rol de un irracional impulsado por la codicia. 

Cuando se dice que Bitcoin es un activo especulativo, la intención no es atacar o desprestigiar. Aquí no se está usando “especulación” en su sentido despectivo. Se usa el término, en su sentido más técnico, para decir que Bitcoin no es un activo productivo como una granja, por ejemplo. Es especulativo como el oro o el arte. En otras palabras, es un activo que no paga dividendos. No tiene ventas, ingresos, personal o bienes subyacentes. Simplemente es algo que se cotiza con la ley de la oferta y la demanda. No tiene valor intrínseco. Es decir, no se come o se consume. Pero cuenta con valor monetario. O sea, tiene un precio. Lo que implica que se puede comprar esperando el aumento futuro de su precio. En lo personal, no entiendo por qué tanta ofensa con esto. Después de todo, siempre estamos hablando del precio de Bitcoin.

En este sentido, Bitcoin es más activo que moneda. Y es más coleccionable que mercancía. De hecho, se parece mucho al arte. El arte es esencialmente un mercado especulativo. El trabajo del coleccionista es básicamente acaparar artículos escasos e impulsar la demanda para luego obtener una ganancia. El arte no se consume. El arte no da dividendos. El arte no produce. Un Picasso se compra, se guarda y se envejece para el beneficio económico de su dueño. Mientras menos Picassos estén disponibles para la compra, mejor. En una subasta, no se aplaude en el momento que se desvela la obra, se aplaude cuando se revela el precio de venta.

El mundo del arte está entrando al universo cripto en la forma de estos NFTs. En este caso, ya no estamos hablando de obras en lienzo y aceite. En esta oportunidad, el sustrato es otro. Estamos hablando ahora de códigos digitales. Pero ese es un cambio de forma, no de fondo. Seguimos hablando de coleccionables. De hecho, estamos hablando de propiedad intelectual. Piezas originales con un valor monetario. Ahora con contrato inteligente incorporado y todo. 

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Al principio, todo eso de los NFTs suena un poco absurdo. Pero el mundo de la propiedad intelectual siempre ha tenido mucho de absurdo por su carácter intangible.  Sin embargo, los artistas siempre han sentido la necesidad de vender sus trabajos sin la necesidad de un intermediario que se lleve gran parte de sus ganancias. En realidad, no se trata solo de comprar el dibujo de un gato por miles de dólares. También se trata del creativo que solo puede sustituir gracias a una burocracia que normalmente se apodera de una obra. Ese código. Esos contratos inteligentes llamados NFTs. Esa tecnología puede cambiar el mundo de la creación de contenido como lo conocemos.

Todavía es muy temprano en este proceso para ver con claridad las cosas. Mucho de lo que hoy está ocurriendo parece una gran ridiculez. Una ridiculez o un fraude. Y en muchos casos sí lo es. Pero hay que darle tiempo al tiempo. Los creadores poco a poco sabrán sacarle provecho a esta nueva tecnología.  ¿La uberización del arte?